Islamabad, según nuestros propios instintos…

OLYMPUS DIGITAL CAMERAEl calor de la tarde tuvo que arrancarme de la cama para dejar atrás el cansancio de más de 20 horas de vuelo. Era día de elecciones. Los ciudadanos de la República Islámica de Pakistán hacían historia, por primera vez los votos destronaban un Gobierno y no las armas.

Sin embargo, un concierto de tiros le puso banda sonora a la noche. Por un momento llegaron a atemorizarme, era demasiado pronto para descubrir que descargar balas contra el cielo es la mejor forma de festejar por estas tierras.

Hasta pasada la media noche, simpatizantes del partido ganador dispararon victoria por todos lados. Dormíamos ajenos a una alegría que para mí era incierta, pues aquella fue nuestra primera noche en Islamabad.

Al despertar, no se nos ocurrió nada mejor que salir a la calle, mapa en mano y persiguiendo nuestros propios instintos, porque ya sabíamos que acá los guías no siempre te guían.

Islamabad es la capital de Pakistán, situada en la meseta de Potwar, al norte del país. Salvaguardada por las “Margallas”, elevación montañosa que acordona la ciudad, extensión menor de los Himalayas y horizonte de orientación para el recién llegado. “Recuerden siempre: Si están perdidos, pártele pa´ arriba a las Margallas y ya se orientarán”, nos aconsejó un amigo antes de partir de la Isla.

Esta urbe político-administrativa fue construida durante la década de los ´60, es tan joven y está tan bien planificada que desde las montañas presume de un diseño urbanístico tan meticulosamente cuadriculado como el cuaderno de un escolar.

El objetivo de su nacimiento fue reemplazar a Karachi como capital pakistaní, allí se había concentrado todo el desarrollo comercial del país y el presidente Ayub Khan quiso hacer una distribución más equitativa de los recursos de la nación. No obstante, el real Pakistán quedó a tan sólo 14 km de ella, pues Islamabad es el epicentro político y diplomático del país, pero no el sociocultural.

Es una capital moderna, dentro de lo posible, y muy limpia, especialmente si se le compara con el resto de urbes pakistaníes. Está dividida en sectores (F-1, G-5, F-7, G-10, etc.), que a simple vista parecen manzanas, pero no lo son, éstas desbordan las longitudes de las que habitualmente conocemos en América Latina.

Estudiantes saliendo de un colegio de niñas en Islamabad
Niñas saliendo de un colegio en Islamabad

Dentro de cada una de las gigantescas “cuadras” hay calles residenciales, áreas comerciales y de recreo; un colegio para niñas y otro para niños, convenientemente distanciados, justo a los extremos de cada sector.

Al final del día llegamos a la edificación más notable de Islamabad: la Mezquita Al- Faisal, conocida por su diseño (del arquitecto turco Vedat Dalokay) y sus enormes dimensiones, una de las más grandes de Asia. Cuyo nombre se debe, nunca mejor dicho, a que el coste de la obra (más de 130 millones de riales saudíes, equivalentes a unos 120 millones de dólares) fue donado por el Rey Faisal bin Abdul-Aziz de Arabia Saudita. Su construcción duró 10 años (1976-1986) y se concluyó hace 28.

El sol todavía hacía arder la tierra, pero ya era hora de regresar a casa. Sin embargo, Islamabad tiene para más y tendré que descubrirlo para contarlo otro día, porque los que llegan a este sitio y conocen a quienes lo habitan, sus miradas indiscretas e inocentemente curiosas, sus costumbres, heridas y pasiones tienen el derecho de ver, oír y contar.

Al- Faisal, una de las mezquitas más grandes de Asia

Al-Faisal, una de las mezquitas más grandes de Asia

“Al- Faisal” desde las Margallas
“Al- Faisal” desde las Margallas

Islamabad está dividida en sectores

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Destino Pakistán

Lo más fácil fue llegar. Era de madrugada y en las afueras del aeropuerto internacional Benazir Bhutto decenas de hombres, ataviados con largos camisones y sandalias típicas, no dudaron en examinar cada milímetro de mí. Nunca me sentí tan observada. Apenas pude contar cinco o siete mujeres entre cientos de personas a la espera.a la espera

Uno de ellos, se empeñó en cargar nuestras maletas y obviarme a la vez. Fue complejo convencerle de que mi esposo no le iba a retribuir el esfuerzo, pues era yo quien en ese momento traía las monedas que tomó sin mirarme a los ojos. Aquel pequeño incidente bastó para comprender cuánto cuesta que, a primera vista,  los hombres visibilicen a la mujer por estas tierras.

guardiaDurante todo el trayecto hacia el que sería nuestro apartamento, comencé a descubrir los vericuetos de las “Twin Cities”, salíamos de Rawalpindi y entrábamos en Islamabad, capital actual de Pakistán, ciudad cuyo nombre siempre nos recuerda que vive habitada por el Islam.

A esa hora, en los puntos de control, solo nos acompañaron motocicletas, enormes y coloridos camiones, guardias por doquier… Acababa de llegar a Pakistán y a primera vista lo vislumbraba empobrecido, machista y militarizado, tal y como me lo habían contado los grandes medios de comunicación, porque como dice Rashed: “las buenas noticias sobre Pakistán son muy aburridas”.

Hasta entonces, aquella región era prácticamente desconocida para mí, solo la había visitado a través de las letras de Tariq Ali o rebuscando la Cultura del Valle del Indo, cuando seis meses atrás me había obsesionado con leer libros sobre el país que desde aquel 11 de mayo es nuestro destino.camión pak

La casa de los cuadros

la casa de los cuadros 3Era la única casa del pueblo que estaba llena de cuadros. Pequeños, grandes, insignificantes. Rechonchos de trazas. Inmóviles. Carcomidos por el tiempo. Malas copias de sus originales y alguna que otra joyita. Todos fruto de los caprichos del Padre.

Benjamín los odiaba. Ellos y no él protagonizaban las tertulias familiares: “Hay que reparar la casa. Se nos va a caer encima. Es mejor reconstruir. No podemos aparentar que todo luce como nuevo con tantos lienzos de quinta”, suplicaba la Madre. Pero “el viejo” insistía: “Ellos son nuestro patrimonio, me han acompañado durante toda la vida y así será hasta el final de mis días”.

Las paredes de la antigua casona sufrían los achaques del descuido. Los paisajes, bodegones, rostros y abstractos desdibujados no decoraban; encubrían grietas, manchas de años de abandono y apatía. Benjamín vivía deseando fuertes lluvias, un sol que rajara las tablas o un ejército de termitas. Cualquier ayuda que lo dejara mirar, asomarse a la realidad y ver la claridad en alguna parte.

Un día cualquiera, la casa se vino abajo. No hizo falta un terremoto que estremeciera las cimientes y mucho menos una avalancha de rocas bombardeadas desde afuera. No. Fue el propio peso de los cuadros quien haló de ella hasta hacerla escombros.

Sexo oral

imagesUna risa nerviosa precede a la última pregunta. Ella contiene las palabras y él desata la mente. Temerosa, disfruta las caricias antes de convertirlas en caricias. Decidido, coquetea y vive. La sensación los relaja. Brotan las frases. Gozan el fuego de sus pelvis. Sonríen. Juegan con la posibilidad de que alguien los escuche. Él se desahoga y suspira agradecido. Ella indaga: “¿Disfrutaste…?”. Sin embargo…, otra voz trunca su frase: “No puede realizar llamadas. Su crédito se ha agotado”.

Todos somos Cuba*

La pupila insomne

Teresa Melo

Hace tres años, en medio de una atroz campaña de mentiras contra Cuba, la poetisa santiaguera Teresa Melo leyó este texto junto a los muros del Cuartel Moncada donde el 26 de julio de 1953 fueron asesinados decenas de jóvenes que se levantaron contra la opresión que se enseñoreaba en esta Isla de la mano de EE.UU.  Este 26 de julio de 2013 sus palabras siguen teniendo actualidad.

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