Espacio libre

Tengo todavía demasiado a flor de piel las emociones como para escribir el post que merece este viaje al Turquino. Confieso que viajé a Santiago con el dolor de los que no podrían estar, pero a medida en que se fue formando el grupo me fui convenciendo de que sería una empresa inolvidable.

En la Universidad de Oriente nos acogieron con una sonrisa. A ellos nuestro primer agradecimiento. Claro, Rodolfo y Camilo, nuestros más intrépidos turquinautas, pues viajaron de la Habana a Santiago de Cuba en camión soportando torrenciales aguaceros y luego el frío de la madrugada con las ropas mojadas; bueno, ellos, tuvieron que esperar un poquito por la hospitalidad, porque a las 4 de la mañana era bien difícil que alguien les dijera dónde estaban los cuartos en los que íbamos a descansar.

Después se nos unieron Betsy y Arnaldo, los matanceros que habían llegado el día 10…

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