Adriana y Gerardo: pasión que sobrevive

foto: Kaloian

Renuncian a extrañarse. No puede ser de otro modo.

Adriana Pérez O´Connor y Gerardo Hernández Nordelo (uno de los cinco antiterroristas cubanos prisioneros en Estados Unidos) están obligados a oír y decir el amor, en la espera y la nostalgia.

Ella, con “esos ojazos” que son la perdición de él, acaricia el espacio vacío en “el nidito” y sufre el temblor de su recuerdo. Espera.

A él, quieren convencerlo de que no hay tiempo para amar, sin embargo, se aferra: sobrevive a la condena, porque en su mente “solo está aquella muchacha de la parada”.

Adriana y Gerardo no son libres para amarse, pero su pasión vence la injusticia con sostenida y cálida obstinación. No importa si el último roce de sus labios fue hace más de 14 años, entre lo breve y enorme de un TE AMO. A través del teléfono, avivan los sueños y la ilusión del encuentro detenido.

Sus cuerpos continúan buscándose en los torbellinos de la distancia. Y se hallan en las cartas de siempre, en la estela del primer beso y la última mirada. Gerardo y Adriana renuncian a extrañarse, porque “son dos por error” que, desde lejos, une el amor.

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