Él también pudo ser Jacques Daguerre (II y final)

por Melissa Cordero Novo

¿Cuáles han sido los momentos más difíciles de fotografiar?

“Los más difíciles han sido los que encierran desgracias humanas. Eso siempre me ha golpeado. 1998 en Nicaragua fue desastroso. El huracán Mitch allí acabó. Yo tomé algunas fotografías que después de procesadas, no he vuelto a mirar, fue espeluznante. Me marcó mucho.

“Los huracanes aquí en Cuba también. La Isla de la Juventud me traumatizó, fue muy deprimente. Esas son el tipo de fotos que aunque muchos crean que uno se siente estimulado al hacerlas, no es así. Es muy difícil, porque uno no sabe hasta qué punto una persona que está pasando por un momento tan crítico, asimile las fotos como un gesto de solidaridad, o como una burla. A veces se crean unos silencios espantosos: las personas te miran y no dicen nada, y tú fotografiando, y no sabes cómo romper el hielo, cómo actuar, qué decir.

“Es muy, muy, muy difícil establecer algún tipo de diálogo, más uno que no llega con una teja, ni con un pedazo de pan. También me resultan difíciles las cosas de «rosca», las que uno hace porque tiene que hacerlas. Por eso siempre trato de salirme de la «rosca», inventar, me es muy complicado trabajar por mandato”.

¿Y los más felices?

“Yo recuerdo mi primera cobertura internacional como un momento muy feliz. Éramos un grupo de jóvenes muy sanos y todo fue muy lindo. Y aunque no tenía la trascendencia de los restos del Che, y no fue algo que te marcara desde el punto de vista histórico, fue muy significativo desde el humano; por la solidaridad, por el ambiente tan feliz que se logró en esa aventura a México. Otro momento feliz fue trabajar junto a mi padre en la cobertura del 26 de julio en Guantánamo, año 1995. Fue muy lindo, porque no se me había dado nunca, y creo que hicimos un buen equipo. Fue algo feliz, fue así”.

¿Cuánto te aportó trabajar junto a tu padre?

“Lo que más me aportó es que el viejo es mi principal crítico, el mayor, y eso me encanta. Todas las tardes cuando llegábamos a casa nos sentábamos en el patio para hacer un resumen del trabajo del día. Entonces yo le contaba las fotos que había hecho, y él sin mirarlas me hacía los señalamientos. Era increíble. Y nunca me hizo creerme que era bueno, ni me dio ningún tipo de privilegio, nada”.

A veces uno descubre caminos ocultos en la soberbia de la noche. Y uno avanza, con miedo, pero avanza; porque uno también sabe que tanta luz, quema. Eso lo aprendió Ismael. Por eso se fue a transitar por otros senderos. En el año 2000 deja de trabajar en Granma y encuentra nuevas luces como fotógrafo en Prensa Latina.

Los otros colores del horizonte

La silla ya conoce sus movimientos, y se desliza antes que él lo haga. Entonces lo espera en la otra esquina, y luego lo regresa por la misma senda, la de las huellas. Aún los pies se entrechocan con la mesa, con el suelo; y aún su mirada busca en las ventanas los pliegues de la vida. Se levanta, dejando a medias las palabras, hace aparecer al fuego, enciende un cigarro, ya conocido, se toma el humo, y lo devuelve entre las sílabas que faltaron.

En el año 2007 obtienes la mención en el concurso mundial de fotografía de agencias de noticias en Estepona, España… ¿qué valor tienen los premios para ti?, ¿son el estímulo para enfrentar el trabajo con más rigor?

“Te soy sincero: creo que los premios tienen más reconocimiento para la gente que para uno mismo. Yo lo veo así, para mí no tienen ningún valor. Y es que solo cuando las personas saben que tú ganaste un premio, te miran y se fijan en tu trabajo. Por eso no me gusta participar en concursos, mi concurso y mi premio es publicar y que vean mis fotos. Me gusta más estudiar los concursos, soy un ratón, siempre miro lo que la gente envía a los certámenes. Eso sí lo disfruto muchísimo, no es criticar al jurado, no es ser jurado, sino descubrir lo que la gente entiende que es bueno o malo.

“Lo de Estepona sucedió porque mi ex­presidente me dijo un día: – Ismael necesito que en diez minutos envíes tres fotos a esta dirección de correo electrónico, yo mañana estoy saliendo para España y no puedo llegar sin fotos de Prensa Latina. Yo me senté en la computadora y las tres primeras fotos que encontré fueron las tres primeras fotos que mandé para Estepona. Me olvidé totalmente de aquello, y a la semana recibí la noticia del premio. Y más que sentirme elogiado me dediqué a buscar los criterios, y el por qué mi fotografía había ganado. Encontré razonamientos muy interesantes, y descubrí que el premio estaba encaminado a encontrar la belleza en la fotografía de prensa. A partir de ahí me propuse, ya de manera más conciente, embellecer la noticia. Ese fue el mayor premio que alcancé en ese concurso: darme cuenta de qué estaba pasando y qué debía hacer. Desde entonces creo que mis fotografías han cambiado bastante”.

Dime tres fotografías tuyas que te vengan a la mente ahora mismo.

“Hay fotos que no se me escapan de la mente. Una es la de dos niños en la Isla de la Juventud luego de un huracán; estaban sentados en una cama, y la casa estaba sin techo. Eso me partió el alma. Otra es una fotografía que le hice a mi abuelo cuando cumplió 100 años. Mi abuelo me enseñó a jugar pelota, estuvo muy vinculado conmigo, y yo siempre quise hacerle un retrato de verdad y no había podido, lo logré a sus 100 años. Y la tercera es una que le tomé a Fidel Castro con el machete de Antonio Maceo en Santiago de Cuba, el 1ero de enero de 1995”.

¿Lo que te falta por fotografiar?

“Hay sucesos que ocurren y despiertan en uno muchos deseos de trabajar. El año pasado fue para mí decepcionante desde ese punto de vista. Yo estaba alistado para salir para Honduras cuando el golpe de estado, y finalmente no me autorizaron a ir. A mí me hubiera gustado estar allí. Sentí necesidad de denunciar lo que pasaba, y quería hacerlo. Con Haití me sucedió igual, estaba todo listo, y tampoco pudo ser. Entonces creo que me falta una no, muchísimas fotos por hacer; además porque considero que todo es importante, y todo merece la pena ser fotografiado”.

¿Qué es fotografía para ti?

“Placer. Honestamente. Lo que siento al fotografiar es placer; aunque haya cosas duras de fotografiar, para mí es un placer”.

¿Cómo te ves en una fotografía?

“¿Que cómo me veo en una fotografía?: horrible”.

¿La vida es más fácil detrás o delante del lente?

“¿La vida?, yo creo que es más fácil delante del lente. Creo”.

¿Tu fotógrafo?, ¿tu foto?

“Hay varios fotógrafos, respeto y sigo el trabajo de algunos que considero que son realmente clásicos. Extranjeros: Oded Balilty, Ramón Espinosa y Javier Galeano. Y en Cuba: los ya jubilados Fernando Lezcano y Pedro Beruvides, y el fallecido Ahmed Velásquez.

“¿Mi foto?: el Pulitzer de Balilty. Esa foto la hubiera querido hacer yo, es lo más grade que he visto en expresión, ¡está todo tan bien puesto en esa imagen! Para mí es mágica”.

El Pulitzer de Oded Balilty

¿Cuánto lleva una fotografía de intuición, cuánto de conocimiento técnico y cuánto de casualidad?

“Tiene de todo. Y yo diría que más que intuición debe tener preparación. Un fotógrafo de prensa que no sepa qué está pasando en el mundo, qué es noticia de su país en el mundo, y salga para la calle sin conocer esas cosas, puede perder muchas fotografías. Por tanto, es muy necesaria la preparación, la información y el dominio técnico, pues uno puede tener millones de ideas, y no poder hacer nada. Eso es frustrante.

“Creo que hay muchas personas, con carencias técnicas haciendo fotografía de prensa, con bastantes carencias técnicas. Entonces se lanzan a hacer fotos que a veces quedan bien, y a veces mal. Un fotógrafo de prensa sale a trabajar a como de lugar, y si la posición que alcanzó fue a contraluz, eso no puede ser un impedimento para lograr la imagen. Hay que estar preparado para hacer la mejor fotografía en las peores condiciones”.

¿La fórmula para una buena fotografía?

“Trabajar”.

¿Crees que el espectador agradece, o le da valor a tus fotos?

“Creo que la gente sí lo agradece, y aunque muchas veces no llegue a saber lo que piensan, creo que sí, le dan valor. Pero para mí es mucho más importante que las personas tengan la posibilidad de ver mi trabajo; yo estoy tranquilo cuando traspaso la barrera mediática y me posiciono”.

¿Qué debe poseer un profesional, además de talento, para sobresalir?

“Un profesional debe estudiar todos los días, y de la fotografía, tiene que ver fotos todos los días. Yo estoy seguro que si hacemos una encuesta desde Guantánamo hasta Pinar del Río, pocos fotógrafos saben cuáles fueron las 25 mejores fotos de prensa de ayer en el mundo. Simplemente porque no les interesa, no les interesa”.

Se dice que el genio hace lo que puede y el talento lo que quiere. ¿Qué hace Ismael, lo que puede o lo que quiere?

“Ismael trata de hacer lo que puede, y muchas veces hace lo que quiere. Pero otras veces ni hace lo que puede, ni hace lo que quiere. Pero me siento un fotógrafo muy libre, privilegiado, con la autonomía total para hacer las cosas que yo quiera. Eso me satisface mucho”.

Según Martín Keene, “un fotógrafo tiene una butaca de primera fila en la historia. La cámara puede ser testigo de una Revolución que afecte a un país- incluso al mundo- o consignando las ideas y venidas de una comunidad local”. ¿Qué significa haber estado presente en tantos momentos trascendentales del país?

“Ha sido una escuela, una enseñanza diaria. ¡Nosotros somos tan privilegiados!, lo mismo podemos estar hoy en un evento científico donde se discuten cosas muy trascendentales, o con el hombre que mejor cosecha los ajos en este país, o con el amor de otro que tiene un proyecto comunitario en las montañas. Lo que intento explicarte es que es un privilegio poder participar en cosas así, y ver de todo. Es haber participado en momentos grandes de la pelota, en instantes decisivos de la Revolución, en elecciones, y en disímiles lugares que uno a veces no se imagina. Creo que de todo sale una enseñanza, una ayuda, una reflexión. Y te digo, los periodistas de medios nacionales, y sobre todo los fotorreporteros, tienen un gran privilegio. Estar y estar, no es estar aislado de la realidad, y de lo que está pasando, sino estar y estar”.

Fotografiar a Fidel

“Fidel siempre me dio confianza, me sentía confiado cerca de él. Nunca tuve miedo al diálogo, pues mucha gente se acobardaba y tenían pánico si él les hablaba. Siempre dije que nunca le iba a mentir, y cada vez que me preguntó, respondí lo que pensaba. Y me preguntó cosas simples, por ejemplo: si tenía hambre, y le dije que sí, y es que era verdad que tenía hambre. Nunca me presioné, no sé bien por qué, tuve la virtud de alcanzar lo que en mi criterio es una de las claves para el éxito de cualquier profesional: nivel de concentración en el trabajo. En ese momento yo no estoy ni para tomar café, ni para el chiste, ni para reírme del que está al lado mío, en ese momento concentro mis cinco sentidos en fotografiarlo y lograr lo que yo quiero en momentos determinados”.

“Estudié su personalidad ampliamente, llegué a reconocer cuando estaba molesto, cuando estaba feliz, cuando no estaba en el lugar, cuando le estaba importando poco lo que estaba pasando. Pero nunca me sentí nervioso, al contrario, me agradaba que él llegara, que me sorprendiera en una actividad, eso para mí no era un problema. Sucede también que yo desde niño estaba viendo a Fidel, y eso fue muy importante. Yo me crié en Granma, y Fidel visitaba casi diario el periódico, lo vi muchas veces, hablé con él, para mí no era un extraño. Desde que tengo uso de razón, tengo recuerdos de Fidel”.

Deteniendo el vuelo de la luz Ya sé de la genialidad de sus ojos, de la precisión de su mano; ya sé que sus instantáneas enamoran, que te obligan a soñar, a creer en la magia de lo cotidiano, y a saber que la gloria se puede alcanzar con solo presionar el obturador. Ya sé que sus fotos besan tan suavemente el iris, y que luego te sumergen en un mar de adicciones. Ya lo sé. Pero Ismael es mucho más que ínfulas, mucho más que los después, mucho más que los mañanas.

¿Cómo valora la foto de prensa actual en los medios nacionales?

“Para mí la fotografía de prensa en los medios nacionales no existe, así de fácil, porque no existe la prensa. Entonces: ¿dónde tú vas a desarrollar la fotografía si no tienes periódico?, ¿en dos periódicos diarios que hacen lo mismo, que cubren las mismas cosas, que además tienen ocho páginas y son en blanco y negro? Creo que podríamos mejorar muchísimo si aunáramos fuerzas y papel, y a Granma, Trabajadores y Juventud Rebelde lo hiciéramos un solo periódico donde se pudiesen desarrollar muchas más cosas, incluida la fotografía”.

Angulación, planos fotográficos, encuadre, composición, iluminación, connotación, denotación…

“Pienso que todo eso viene en la mente, y en la capacidad que tenga el fotógrafo para desarrollarla de manera visual. Es necesario tener conocimientos técnicos, pero es necesario incorporarlos al pensamiento, después, un fotógrafo podrá entonces empezar a desarrollar planos, angulación, enfoque, desenfoque. Y eso se logra, entre otras cosas, mirando fotos, y buscándole intencionalidad a las imágenes, empezando a querer decir cosas con la fotografía. Mientras que el fotógrafo no intente mostrar algo salido de su mente y no de la cámara, no va a lograr efecto”.

¿Cuál considera que sea el mayor fracaso para un fotógrafo?

“Andar sin cámara”.

¿Qué temas prefieres fotografiar?

“Me gusta todo, me gusta fotografiarlo todo. Soy enemigo de la especialización. Necesito, profesionalmente, no hacer las mismas cosas todos los días, porque entonces se me crea un conflicto”.

El defecto imperdonable…

“La envidia.”

¿Cree en la inspiración?

“Sí, creo en la inspiración”.

Tus niñas…

“Mis amigas”.

Un consejo para aquellos que se inician.

“Estudiar. No caer en la autocomplacencia de creerse el mejor del mundo. Tener paciencia. Arrimarse a los que saben. Y con mucha modestia tratar de llegar, y saber por qué se llegó”.

¿Cómo te gustaría que trascendiera tu obra?

“No, no me gustaría, porque eso me parece que va a ser después de muerto”.

Un epitafio…

“Yo no pido más, que ser un buen recuerdo alguna vez”.

Es un privilegio imantado por la solidez de sus pensamientos. Y uno va hipnotizándose mientras ve la silla rodar, el humo subir, el cigarro gastarse, a sus manos dirigir las genuflexiones del aire; uno no sabe que el tiempo pasa, porque el tiempo a su lado no tiene sentido.

Ismael es mucho más que un nombre que va de pie en algunas fotos, es mucho más que un hombre que logra admirar con una fotografía, es mucho más que una mano salvadora, o una mente amiga. Es tanto, que a veces uno también se pierde entre sus Islas; pero naufragar allí no es desgracia. ¡Qué nunca aparezcan las tablas!

Ismael y Melissa en tierra cienfueguera
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