El Martí que conocí a los “13”

Óleo de Roberto Fabelo

Hace 116 años,un ángel a caballo” caía “con los pobres de la tierra”.

Por azar de la www, justo hoy, recibí un enlace con el que, obligatoriamente, navegué 10 años atrás.

En blanco y negro, descubrí letras que a los “13” envié al concurso Leer a Martí: divino compromiso que asumen pioneros y jóvenes cubanos con el Hombre de La Edad de Oro.

El “Pepe” de mi adolescencia ha crecido muchísimo. Ahora, reelaboraría estas líneas, sin embargo, prefiero regalarte estos trazos que, un día lejano ya, escribí sobre el más digno de todos los cubanos: José Martí Pérez.

Gracias, amigo mío, pero “… como pasa el tiempo, que de pronto son años…”

La República que Martí soñó

 ¡Qué aún vive Martí, mirad”!

Emilio Ballagas

 Martí, contemplar ya puedes cómo se cumplen tus sueños…

Venga a contemplar aquí,

en esta tierra divina,

cómo la patria se empina,

con los sueños de Martí;

cómo el monte aún es mambí

y cada niño es un rey,

con corona de yarey,

en un pueblo sin esclavos,

con patria pero sin amos,

y la dignidad por ley.

Lo que se contempla hoy aquí es lo que Martí soñó para Cuba. Martí es el padre de esta república. Martí es inmenso en toda su obra. Su estatura como poeta, orador, escritor, pensador, periodista o maestro, es tan grande que traspasó las fronteras de su Isla y de su siglo para eternizarse en el tiempo y en la humanidad, resurgiendo cada día más vigente, útil y necesario como lo demuestra la participación de su legado en la actual batalla de ideas. Pero toda esta hermosa creación intelectual palidece ante su labor político-revolucionaria, ante la gigantesca tarea de unir voluntades, preparar la guerra necesaria, conquistar la independencia de Cuba y fundar aquí una república nueva, justa, libre, culta y solidaria como la que tenemos hoy.

Leyendo la obra martiana podemos comprender cómo era la república que él soñaba, una república donde no existiera discriminación racial al decir: “El hombre no tiene ningún derecho especial porque pertenezca a una raza u otra: dígase hombre y ya se dicen todos los derechos”. Una república con la participación activa de la mujer emancipada pues pensaba: “[…] las campañas de los pueblos sólo son débiles cuando en ellas no se alista el corazón de la mujer; […]”. Una república solidaria y humana capaz de sentir como propia la injusticia cometida contra cualquiera, en cualquier parte del mundo, capaz de compartir lo que tiene y luchar por sus hermanos ya que: “En la mejilla ha de sentir todo hombre verdadero el golpe que reciba cualquier mejilla de hombre:[…]”. Una república con valentía para exponer su verdad en cualquier tribuna, fiel a sus principios y con la autoridad moral que emana de la limpieza de su actuación pues pedía “[…] sáquese a lucir, y a incendiar las almas, y a vibrar como el rayo, a la verdad, y síganla, libres, los hombres honrados”.

Martí dio su vida por una república libre donde todos disfrutaran por igual del “[…] derecho que todo hombre tiene a ser honrado, y a pensar y a hablar sin hipocresía”, donde reinara la salud, la confraternidad y el trabajo creador y así lo expresó: “Queremos la isla sana y trabajadora. Queremos la confianza y el respeto entre todos los que hemos de vivir juntos”.

Martí soñaba con una república donde floreciera la educación y la cultura pues “Ser culto es el único modo de ser libre”. “El pueblo más feliz es el que tenga mejor educados a sus hijos, […]”, pero por sobre todas las cosas quería una república para los pobres, para los desposeídos, “Con los pobres de la tierra quiero yo mi suerte echar:[…]”. “¡Qué placer será –después de conquistada la patria […] entrarse, mano a mano, como único premio digno de la gran fatiga, por la casa pobre y por la escuela, regar el arte y la esperanza, por los rincones coléricos y desamparados, […]”. Quería igualdad de derechos y posibilidades de vivir una vida con decoro, donde se respetara y prevaleciera la dignidad como ser humano y así lo proclamó: “[…] yo quiero que la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre”.

Así quería Martí a nuestra patria, así quería a nuestra América, y estamos seguros que también a toda la humanidad pues suyo es el concepto “Patria es humanidad;[…]”. y para ella, para todos los pueblos de la tierra tiene plena vigencia su llamado: “y pongamos alrededor de la estrella, en la bandera nueva, esta fórmula del amor triunfante: ‘con todos, y para el bien de todos’.”

Los que leemos a Martí pensamos, sin dudas, que soñó con la Cuba de hoy, con la maravillosa realidad que le conquistó su pueblo guiado por su mejor alumno, nuestro querido Fidel, el genial conductor que le recordó en su centenario al frente de una nueva generación y saltó a la historia como líder sin par hacedor de sueños y sembrador de esperanzas, para hacer realidad cada una de las ilusiones, los deseos y las aspiraciones del Maestro, para que hoy en mi Cuba hermosa, en su tierra querida podamos decir con orgullo: ¡Martí, esta es la república que tú soñaste!

Aquí podemos cantar en versos:

Si ves un monte de espumas,

si ves libertad y unión,

justicia y revolución,

si amor y trabajo sumas,

si ves el cielo sin brumas,

y claro el futuro ves,

es una patria que es

el orgullo del cubano,

es porque el sueño martiano

Fidel cumplió de una vez.

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4 comentarios en “El Martí que conocí a los “13”

  1. Diane, también yo me enamoré de Martí cuando era una niña. Mi madre es una profunda martiana, no es quizás la más conocedora de su obra o de su vida, pero ama con pasión al hombre inmensamente humano y generoso que fue, y eso me lo enseñó. Martí me hizo correr a la escuela cuando debía estar jugando con muñecas y todavía hoy me reta, me impulsa; porque sin olvidar al patriota, al ser que lo sacrificó todo por el bien de su país, lo que más admiro es su capacidad de amar. Martí es para mí esencialmente un ser que amó intensamente: a su género, a su país, a todo lo bueno que existe y supo vivir y morir en virtud de ese amor. Creo que por eso disfruté tanto la película de Fernando Pérez, porque en ella se siente ese amor. Gracias por tus letras y por ser martiana. Si Martí estuviera un poco más en nuestros corazones y menos en nuestros labios para repetir de memoria, creo que seríamos un tilín mejores, como dice Silvio.

    1. K… la esencia martiana te acompaña desde el día que descubriste al Hombre de La Edad de Oro. Tu mami, en mis años del preuniversitario, también me enseñó a amar las letras de “Pepe”: aún recuerdo aquellos retadores dictados e interpretaciones que con pasión nos ponía en clase. Mi Martí tiene mucho de Cari. Gracias a las dos…

  2. Didi, que decir de tus palabras. Desafortunadamente no puedo decir como Silvio, que “en Tampa mi abuelo habló con Martí”, pero me hiciste recordar aquella maestra de primaria, recta en la disciplina, pero amante de Martí y nos enseñó a amar a la patria desde la gallardía de un Abdala, a despreciar la traición de un apóstata, a admirar la belleza de nuestros campos: “el arroyo de la sierra me complace más que el mar”… Ya aquella maestra no está entre nosotros, pero sobrevive en cada libro de Martí que reviso, pues imposible evitar su recuerdo al releer los versos sencillos o el Ismaelillo, donde aprendimos los cubanos a tener fe en el mejoramiento humano, en la vida futura y en la utilidad de la virtud. Y, como el maestro, tengo fe en ti.
    Gracias por tus líneas.

  3. Son muy pocos los niños que descubren a Martí, al verdadero, al hombre. Nos lo ponen tan lejano, tan perfecto, que renunciamos antes de intentar ser como él. Desafortunadamente y por razones de rutina no abrí bien los ojos hasta que crecí un poco, y comencé a estremecerme con sus palabras, Martí es grande, enorme, y no nos alcanza la vida para comprenderlo.

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