Fernando Atanasio, el agrario…

foto: Ismael Francisco

Agonizaba el año 1916 cuando mi abuelo llegó en un barco. Su existencia no iba más allá del vientre de una canaria emigrante. Pero ya Fernando Atanasio y sus siete hermanos, navegaban en pos de la buena fortuna. Aquel frío noviembre, encontraron puerto seguro al norte de Cuba. Desde entonces, aires de Isla abrazaron su destino.

Dicen que el hijo de Pedro y Felícita, aventurero binomio que decidió mirar al mar y navegar con la casa a cuestas, rompió con su llanto el segundo amanecer de mayo (1917). Pero… él, testarudo y “comecandela” hasta el último aliento, aseguraba que nació “42 años más tarde y con 15 días de retraso”.

Nunca comprendí su númerico capricho, hasta que una tarde…

Con ropa de domingo me senté en sus piernas. Cual viejo cuentero, abrió el libro de la vida para, de un tirón, regalarme sus recuerdos: la mejor clase de Historia que “la pombita” ha tenido.

Decía Felícita que mi primera palabra fue agua, y no lo dudo, porque el trabajo duro seca la garganta”, comentaba a carcajadas, pues el muy cubano se reía hasta de sus pesares. El abuelo era feliz, pero aquellos negros ojos jamás mentían. Su mirada siempre tuvo sed de juegos y mimos. “Creo que el último diente me lo sacó un tropezón en pleno surco”, exageraba el viejo.

Apenas podía sostener la guataca (azadón)”, cuando sembró sus sueños en las tierras de Narciso Hernández, el tristemente célebre terrateniente de Iberia (poblado de la actual provincia de Holguín). Bajo el sol descubrió la adolescencia, pero el ingrato sacrifio nunca le endureció las emociones.

Aunque las llagas se aferraron a sus manos, después de cada jornada, acariciaba a la única mujer que supo amarlo. Al atardecer llegaba con 40 centavos. La abuela sumaba y restaba “sin miseria”: debía garantizar el pan y la ropa de los cuatro muchachos.

Esa era la vida de Fernando Atanasio, hasta que llegó el Comandante Fidel Castro y dignificó al campesino. En 1959 (a los 42 años), este agrario recibió su pedacito de tierra. Porque Narciso nunca puso pie en el campo y, mucho menos, le extrajo sus maravillosos frutos: boniato, guayaba, calabaza, plátano, yuca y frijol…

Así, Fernando Atanasio pudo rejuvenecer la casona azul (uno de los sueños de la abuela) cada vez que el crujir de las tablas lo indicaran y mandar a todos sus hijos a la Universidad.

Este es solo un pedacito de la historia de mi abuelo, en cuyo nombre desconocido también vive el “dulce misterio del campo” en Cuba.

Anuncios

Un comentario en “Fernando Atanasio, el agrario…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s