En secreto tuvo que ser

El teatro me pareció inmenso y la tarde muy corta. No quería compartir el privilegio con tantos jóvenes inteligentes. Me robaban las preguntas de un tirón. Todos tenían sed de respuestas: obstinados en “quemar” los secretos de quienes asaltaron lo incierto para revelar verdades.

Un día, al final del Noticiero, las “razones” de Emilio, Vladimir y Raúl se hicieron públicas. Descubríamos dos identidades bajo una misma piel. Pero este jueves, Carlos Manuel Serpa Maceira, Moisés Rodríguez Quesada y Dalexi Gónzalez Madruga vinieron a la tierra de Calixto para compartir con más de 300 estudiantes.

“En el viaje comentábamos que los grupúsculos contrarrevolucionarios nos invitaron a Holguín. Pero estamos orgullosos, porque vinimos aquí en Revolución”, asegura el más pequeño, un “periodista independiente” que los universitarios de La Habana hicieron correr muy rápido, “me entrenaron mejor que a Dayron Robles”.

Yanet Pupo rompió el hielo, literalmente, pues el frío se apropió de su cuerpo “al verlos tan sencillos y cercanos”. Y quiso saber de “un punto vulnerable”: la familia.

Bien sabe Moisés cuánto sacrificó durante más de 25 años infiltrado dentro de la contrarrevolución. “Una vez que damos este paso, la familia se involucra y pasa a ser protagonista de preocupaciones para el agente. Por supuesto, llega el momento que él no tiene la solución en sus manos y entonces, el oficial que lo atiende y los demás compañeros que están detrás, se encargan de resolver los problemas que se presentan en torno a ella. Este es tema al que hay que dedicarle tiempo, trabajar con cautela, porque la misión de ‘impedir a tiempo’ -martiano por excelencia- cada plan macabro del enemigo puede ir abajo en un segundo si se comete una indiscreción o se toma una decisión precipitada”.

Supimos de un abrazo en Cárdenas que destruyó la distancia entre Carlitos y su mamá, pues la sabia señora no merecía un hijo traidor. Del hermano que le advertía: “no me llames que me perjudicas” y que ahora reconoce que “de las espinas nacen flores”.

Las lecciones de “Tita” también agitaron el encuentro. Serpa contó: “En casa atesoraba un cuadro de Fidel. Me empeñé en conservarlo, porque me ayudaba a mantener la fe, pero la contrainteligencia advirtió que ponía en peligro mi trabajo y tuve que deshacerme de él. Mi pequeña entre sollozos dijo: ‘no te lo perdonaré nunca’”.

Pero los holguineros le tenían una sorpresa a Carlos. Allí estaba el chiquillo que hace 20 años lo acompañó en las prácticas de kárate. Hoy, el capitán Aramís confesó que jamás reconoció al vocero de las Damas de Blanco como su primo, “ese no era un Serpa”.

Deivis, el presidente de la FEEM del IPVCE José Martí, hizo que Moisés viera en su generación al estudiante de “la Lenin”. Desde la altura de sus 50 años, afirma: “En mi tiempo defendía sin reservas mis convicciones y principios. Cuando, a los 21 años, comienzo en la Seguridad del Estado, asumí el ‘seudo’ de Vladimir para no olvidar la pasión de aquellos años”.

Es increíble, Rodríguez Quesada, hombre sosegado que besa las palabras y junta sus pies en gesto de humildad, pasó una década al lado de la miseria humana. Conoce cuán “Camaján” es Elizardo Sanchéz Santa Cruz Pacheco y cuánto daño pueden hacer ambiciones y mentiras bien pagadas. Por eso, trata al ingeniero en Telecomunicaciones, colega en el combate silencioso, como a un hijo digno. Mensualmente, a Dalexi le remuneraban alrededor de 3 mil dólares. Pero se equivocaron. Hay jóvenes “que tienen en sí el decoro de muchos hombres”.

“No hay Seguridad del Estado si no hay jóvenes, si no hay un pueblo que alimente las millones de razones que tenemos para pelear por Cuba. Los jóvenes de Girón derribaron aviones enemigos cargados de muerte, asumieron el papel que les tocó. Nosotros también lo hicimos en un frente diferente, pero con el mismo propósito: defender las conquistas de nuestra Revolución, defender a la juventud. Fundamentalmente, Las Razones de Cuba son para los jóvenes, los hijos y hermanos de cada uno de nosotros”, asevera Moisés.

Emilio y Vladimir penetraban la contrarrevolución a rostro destapado. Mientras Raúl, desde el silencio desempeñaba una labor tan compleja y peligrosa como la de sus compañeros. Su misión duró solo tres años. “A nosotros no nos decubrió nadie, llegamos hasta donde quisimos llegar”.

Ser un talento en cierne y dominar las artimañas tecnológicas lo convirtió en el blanco perfecto. “Los jóvenes inteligentes están autoprotegidos. No podemos tenerle miedo a las tecnologías, sino chocar con ellas y utilizarlas en beneficio de todos. Nosotros venimos desde La Habana hasta aquí intercambiando con una fuerza juvenil que piensa y hace pensar, se nota que en la nación somos una sola juventud, nacida bajo los mismos principios de hermandad, igualdad y solidaridad. Nuestra misión es cerrar filas ante los oportunistas y cazatalentos.”

La generación que hoy colma las aulas de la Universidad Oscar Lucero Moya les concedió a los tres agentes su premio Alma Máter, el más alto reconocimiento que entregan “a quienes son ejemplo y faro para el futuro de la Patria”.

El agradecimiento fue espontáneo: Dalexi se sonrojó, Moisés confesó que nunca antes había estado en Oriente y Carlos, siempre dispuesto a hablar, les dijo: “Deseosos de ser partícipes de su trinchera, les entregamos el batón con tranquilidad, convencidos de que aquí hay jóvenes de Patria o Muerte, los siete días de la semana y las 24 horas”.

Llegaron al mediodía y cuando caía la tarde se sentían “casi holguineros”. El tantito que les faltaba para ser de la Patria Chica de Fidel y Raúl llegó sin demora: Vitaliano Gonzáles Reyes, presidente de la Asamblea Municipal de Holguín, puso en sus manos la réplica del Aldabón de La Periquera. El máximo estandarte de la Ciudad de los Parques se les entregó como símbolo de fidelidad, por tocar las puertas del Imperio y desnudar la política subversiva de Estados Unidos contra Cuba.

A Serpa unas palabras le quemaban la garganta y de pronto las dejó escapar: “Le decimos a Fidel y al General de Ejército que los agentes de la Seguridad del Estado estamos orgullosos de la sangre mambí y rebelde que nutre su tierra, junto a ustedes en la trinchera por el regreso de nuestros Cinco Héroes. Emilio, Vladimir y Raúl estamos a sus órdenes”. A ciencia cierta, no sé si fue Moisés o Vladimir, pero un cubano reyoyo gritó: “Y brindo por el pueblo holguinero que está haciendo Revolución”.

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