CENTINELAS “DEL S(AGUA)”

por Dianet Doimeadios Guerrero / fotos: Elder Leyva

A veces parece que el pueblo fluctúa sobre sus aguas. No renuncia a crecer. Su irreprochable adicción por la tierra amenaza más allá de sus márgenes.  Con solo clavar los ojos en él, es posible imaginar las historias que arrastra su rumor.

El 23 de noviembre de 1993, el río Sagua inundó el sueño de los tanameños. Sin previo aviso, turbias corrientes asaltaron el añejo puente de la ciudad. Nueve personas perdieron la vida. “Ni cuando el Flora creció tanto”, asegura José Enrique López Caballero, responsable de la Oficina de Pronósticos.

Cinco años más tarde, otro fatal noviembre quedaría registrado en el mapa del Consejo de Defensa Municipal. Tantos golpes de agua enseñaron: especialistas de Recursos Hidráulicos en Holguín estudiaron cómo ubicar una red que alertara ante las crecidas. En 2002 se creó el Sistema de Prevención Hidrológica.

LOMA ARRIBA

Cuarenta años atrás, el viejo Espinosa puso la primera piedra en la Estación Hidrométrica El Infierno, en Quemado del Sopo. Desde entonces hizo un pacto con el río: los hombres de su familia estarían pendiente de “lo que trae la corriente”.

Hoy, su hijo Jorge permanece varias horas sobre “el Sagua”, a bordo de una “canastilla”, transportador biplaza que sostiene un cable de acero a 18 metros de altura. “Soy aforador de corriente desde 1998. Mi misión es medir la velocidad y profundidad fluvial. Antes, lo hacía por si construían una presa. Mi responsabilidad ha crecido con la puesta en práctica del Sistema. Debo estar atento a cada milímetro de lluvia que cae, pues de ello depende la tranquilidad de allá abajo”.

Es responsable de uno de los siete puntos de alerta temprana que abarcan esta red hidrográfica. “Cuando el río suena” su labor se hace indispensable. Sin embargo, este es uno de los lugares de mayor pluviosidad de la provincia. De ahí que Jorge asegure: “Estamos activados día y noche permanentemente, aunque no haya amenaza de ciclón. Me auxilio de mi hijo Davielqui, mientras uno le da una vuelta a la casa el otro se mantiene atento. Y si estamos en creciente, de aquí no se mueve nadie. Debemos dar,  cada una hora, un parte al Puesto de Mando. Este joven será mi relevo dentro de unos años, por eso lo entreno desde ahora”.

El huracán George no le trae buenos recuerdos al padre: “Fue una de las experiencias más difíciles. Me enfrenté a una creciente de once metros, sin luz eléctrica, la planta auxiliar estaba rota, un mal paso y nos arrastraba la corriente. Las rachas de viento eran muy fuertes, pero había que observar la avenida (así llaman al río cuando amplía sus riberas).

Entre molinetes, flotadores y la planta de radio, transcurren sus días. Sienten orgullo de su trabajo y se jactan de poseer el transporte más peculiar de la serranía: la “canastilla” de los Espinosa ha servido para llevar medicamentos o acercar a la otra orilla a los pobladores del Sopo.

RÍO ABAJO

En la planta alta de la casona sede del Consejo de Defensa de Sagua de Tánamo, José Enrique computa los partes recibidos durante todo el día.

El Sistema de Prevención Hidrológica en territorio holguinero cuenta con puntos en El Sopo, Solís de Castro, El Progreso, La Maltina y Solito de Calabaza, mientras La Tagua y El Oasis están en tierra guantanamera. Gracias a ellos, se asegura la vigilancia sobre la cuenca “del Sagua” y sus afluentes: Castro, Santa Catalina y Miguel.

López Caballero explica: “El Sistema opera de forma automática. Consiste en el aviso temprano a las autoridades del municipio para la evacuación a tiempo de la población y los recursos económicos. Los resultados de las mediciones son comunicados sistemáticamente e introducidos en un programa que calcula la cota que alcanzará el río y el tiempo que tardará en lograrla, es decir, un aproximado de cómo y cuándo llegará la crecida al pueblo”.

Antes, la cabecera municipal se comunicaba solamente con los asentamientos de Naranjo Agrio y Calabaza de Sagua mediante el correo. Era imposible predecir las travesuras de la naturaleza.

“Cuando nos amenazaba una situación meteorológica compleja, se decretaba la evacuación masiva de la población y en ocasiones no nos afectaba. Ahora, la cooperación y el monitoreo constante ahorran cuantiosos gastos de alojamiento, comida y transporte. Además, ‘camarón que se duerme…’, en la actualidad tenemos una idea de la dimensión del peligro”, comenta José Enrique.

“El Sagua” corre entre lomas y reposa en la ciudad. Sus sorpresas de agua han quedado en el pasado. Sin embargo, si decide retomar el espacio que un día el hombre le robó, desde las montañas llegará un torrente de alertas. Allá arriba, hay hombres que vigilan para que el agua no regrese silenciosa a la tierra.

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